domingo, 29 de julio de 2012

Farmacología de la cafeína


Las características farmacológicas de la cafeína la hacen una sustancia de fácil manejo y elevada seguridad (Adan & Prat, 2011). Su absorción, tras la administración por vía oral, es rápida y completa alcanzándose los máximos niveles en sangre (Tmáx) a partir de los 30-45 minutos tras el consumo y la duración de su efecto en el organismo (t1/2) oscila entre las 3 y las 6 horas. Se distribuye en la mayoría de tejidos corporales y atraviesa la barrera hematoencefálica con mucha facilidad, lo que explica su capacidad de actuar en el Sistema Nervioso Central (SNC). Se metaboliza de forma intensa en el hígado, produciéndose en este proceso sustancias también con actividad farmacológica, como su conversión en teofilina, que prolongan la duración del efecto en el organismo. Existen importantes diferencias en el ritmo de metabolización entre individuos, entre ellas destaca la edad la cual suele enlentecerlo. Para la eliminación del organismo se utiliza principalmente la vía de excreción renal, a través de la orina.
Se halla bien acreditado que la cafeína puede tener efectos positivos en el organismo, hallándose aprobada por el Ministerio de Sanidad español su utilización como fármaco indicado para estados de somnolencia, astenia, fatiga o agotamiento en adultos, tanto sean éstos de tipo físico como psíquico (Adan & Prat, 2011). Así, existen preparaciones farmacéuticas que contienen de principio de acción exclusivamente cafeína (Prolert® Durvitan retard®). La dosis a administrar de fármaco es muy manejable, con un máximo diario establecido en 1200 mg, a criterio del prescriptor según lo considere oportuno. Además, son numerosos los fármacos con acción antiinflamatoria, analgésica, antimigraña, relajante muscular o antiemética que contienen cafeína añadida, con la finalidad de potenciar los efectos farmacológicos de cada uno de ellos. La cafeína presenta pocas interacciones, siendo posible su consumo junto con la mayoría de fármacos utilizados habitualmente en el tratamiento de numerosas circunstancias patológicas. Incluso con los tratamientos psicofarmacológicos indicados en las principales psicopatológicas (depresión, psicosis, etc.) o enfermedades neurológicas, como las demencias, no suele hallarse contraindicado el uso de cafeína.
Si el consumo de cafeína se realiza de forma autoadministrada o sin prescripción médica se aconseja que no se supere la dosis de 400 mg al día. El consumo de cafeína en dosis bajas o moderadas en adultos se considera responsable, sin riesgos para la salud y del que se pueden obtener beneficios en las capacidades cognitivas tanto a corto como a medio y largo plazo, en especial en determinadas circunstancias, como veremos a lo largo de este trabajo.
La cafeína tiene pocas contraindicaciones, si bien existen algunas circunstancias patológicas en las que es aconsejable evitar su consumo. Éstas son las alteraciones cardiovasculares y gastrointestinales graves, la epilepsia, el insomnio, la ansiedad y la insuficiencia hepática. También se recomienda evitar el uso de cafeína en menores de 12 años y si se padece insuficiencia renal, no tanto porque se hayan acreditado efectos perjudiciales sino por falta de estudios en ambos casos que aporten datos robustos de su seguridad. En ausencia de tales circunstancias, el consumo moderado de cafeína puede tener efectos beneficiosos sobre la calidad de vida tanto en individuos jóvenes como en los de edad avanzada. Los posibles efectos adversos de la cafeína son pocos y sin peligro potencial, entre los más frecuentes hallamos la inquietud o irritabilidad, el insomnio y la irritación gastrointestinal. En caso de que aparezca alguno de ellos, con la interrupción del consumo se produce la completa remisión en poco tiempo.
Fuente: cicas


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